Por: Pablo Barrón
Corrían los años 90 concretamente a principios, una jornada veraniega de ocio
náutico me sitúa en el primer momento en el que tuve a menos de un metro a José Cuiña, ya observe en el un político distinto, abordo
del barco de nuestro común amigo había para él un extraño que era yo, le note que no podía decir con claridad lo que le quería aconsejar
a nuestro común amigo de nuevas generaciones. Enseguida le dije que confiara en que lo que allí escuchase no saldría de esos 21 pies
de barco, tardo en soltarse pero lo hizo. Siempre respete y respetare las estrategias que allí se comentaron.
Tras esa presentación,
nos quedo una relación cordial y de respeto mutuo, poco tiempo después, (convertido ya en un animal político) me confeso que se acordaba
que había sido leal a mi promesa y se ofreció a "hacer por mi lo que hiciese falta".
A pesar de todo que nadie crea que el que hoy
firma estas palabras en su recuerdo, estaba entre su núcleo duro, yo no estuve en el Molino, ese famoso invierno del 2003 en donde
hablo según cuentan los presentes, de lo que quería hacer con el futuro de su Galicia que tanto amaba. Poco después se diluyeron sus
luchas en el parlamento, (dicen que ya parecía vencible), Galicia comenzó a perjudicarse cada vez más y no solo políticamente hablado,
¿Y donde estaba pepe?, ¿Por qué no salía nada de lo que en o muiño se comento? Creo que nadie lo sabe pero yo digo que él ya sabia
que el bicho le había entrado en su organismo, lucho en silencio y a nadie le quiso dar pena.
El mismo destino hizo, que yo mismo fuera
de los primeros en enterarme, tan secreta era la circunstancia, que sus íntimos, le ponían comillas a mi información.
Galicia ya nunca
será lo mismo, abra un antes y un después de José Cuiña, el destino no le dejo ser Presidente, hubiera sido el mejor de la historia
de la democracia, eso sí, a pepe le dio tiempo de saber quienes eran sus amigos y sus enemigos y sobre todo los que lo traicionaron…
Pero esa será una historia que otros tendrán que escribirla…
Que faena pepe, que no te diera tiempo, de controlar férreamente a todos
estos políticos de segunda que actualmente están haciendo de mi Galicia natal (que es la tuya) el país de los clones, imitando decisiones
de otras comunidades sin ni siquiera saber si son o no beneficiosas.